Historia de la Iglesia de Bolonia

Desde el principio del siglo IV, ya existía en Bologna una comunidad de cristianos, a la que pertenecían Vitale y Agricola, que murieron mártires en el curso de las persecuciones de Diocleciano (303-305).

Su primer Obispo fue Zama, después de la Proclamación de Constantino del año 313: la diócesis dependía entonces de la de Milán, que era conducida por S. Ambrosio. Fue precisamente el gran santo milanés quien dio un fuerte estímulo a la joven iglesia boloñesa.

Hacia mediados del siglo V, Bolonia tuvo como Obispo San Petronio, que será el futuro patrono de la ciudad: a él se debe posiblemente la fundación de las Iglesias del Monte Oliveto (hoy San Giovanni in Monte) y de San Esteban, donde el Santo fue sepultado.

Con toda probabilidad, ya desde el siglo V, el Obispo tuvo su residencia en el corazón de la ciudad y posiblemente donde ahora está la catedral dedicada a San Pedro.

Durante el dominio bizantino (535-727) la Iglesia de Bolonia pasó de la influencia de Milán a la de Ravenna. También el dominio longobardo del año 727 dejó rastro en la ciudad: el conjunto monumental de San Esteban se convirtió en el cuartel general de los conquistadores.

En el largo periodo de las luchas entre el Imperio y el Papado (entre los siglos XI y XII) y en los años de la dominación de Federico Barbarossa, la iglesia boloñesa siempre se mantuvo fiel al Pontífice, a pesar de que padeció una fuerte injerencia imperial, que con frecuencia opuso obispos cismáticos a los legítimos.

A pesar de las grandes dificultades que la ciudad tuvo que soportar en el periodo medieval, en aquellos años surgió en Bolonia la primera universidad de Italia.

Especialmente significativa para la historia de la Iglesia boloñesa entre los siglos X y XII , es la presencia de los monjes benedictinos. A partir del siglo XIII surgieron nuevas órdenes religiosas, las órdenes mendicantes, nacidas para testimoniar con más fuerza el ideal evangélico, con una vida de comunidad llena de fe y de pobreza: los Dominicos, los Franciscanos, los Carmelitas, los Eremitas y los Servitas. Gracias a sus obras surgieron los hospitales, lugares aptos para hospedar peregrinos, viandantes y forasteros.

Mientras todo el XIV siglo en Bolonia está marcado por un fuerte sentido de religiosidad Ñcomo aparece evidente por las nuevas órdenes religiosas y por las obras de reconstrucción de los lugares sagradosÑ una crisis eclesiástica apareció al principio del siglo XV.

Sin embargo, gracias a la obra del obispo Niccolò Albergati y a la monja franciscana Caterina de' Vigri, se desarrolló un aire de renovación y de renacimiento cristiano.

El Concilio de Trento, convocado en 1542 por Papa Pablo III para intentar recomponer la unidad de la Iglesia lacerada por la reforma protestante, tuvo en Bolonia algunas sesiones en 1547 que tuvieron lugar en la Basílica de S. Petronio y en el Palazzo Santuzzi (hoy Pal. Bevilaqua).

Gracias a la obra del Cardenal Gabriele Paleotti (1522-1597), la Iglesia boloñesa logró recuperarse de la grave crisis del siglo anterior: sus visitas pastorales, los sínodos, su ejemplo de vida, indujeron al clero y al pueblo a adecuarse a las directivas conciliares.

La gran obra de renovación espiritual promovida por el Concilio de Trento continuó sin parar a lo largo de todo el siglo XVI. Especialmente significativa fue la obra de nuevos y fervientes ordenes religiosos (Jesuitas, Capuchinos, Barnabitas, Oratorianos, Teatinos).

La Iglesia boloñesa en el siglo XVII tuvo un crecimiento espectacular en todas las iniciativas y las estructuras para la catequesis y la caridad . Algunos problemas aumentaron cuando surgieron nuevas corrientes de opiniones que contraponían la razón a la fe. El Cardenal Prospero Lambertini (1675-1758), que fue elegido Pontífice con el nombre de Benedetto XIV, comprendió las nuevas tensiones y supo dar, con sus visitas pastorales y sus notificaciones, nuevas direcciones y serios ejemplos para el clero y toda la población. Tuvo también el mérito de terminar la reconstrucción de la catedral y el nuevo santuario de la Virgen de San Luca.

La Iglesia de Bolonia se resintió de los cambios políticos del final del siglo XVII: el 19 de junio de 1796, con la entrada de las tropas francesas, la ciudad volvía a ser republicana siguiendo la ideología revolucionaria de la república transalpina hostil a la religión. Se suprimieron ordenes religiosas y hermandades, se inició una obra de laicización de las organizaciones de la caridad y de la asistencia, se limito la libertad del culto; la sede episcopal, después de la muerte en el 1800 del cardenal Andrea Gioannetti, quedó vacante por más de dos años.

La Iglesia boloñesa pudo recuperarse después de estos acontecimientos, solo después de la caída de Napoleón Bonaparte: el cardenal Carlo Oppizzoni (1769-1855) reorganizó la diócesis, restauró la catedral y el palacio episcopal y favoreció la reconstrucción de las comunidades religiosas e instituciones de beneficencia.

La Casa de Saboya el 12 de junio de 1859 incorporó el estado pontificio a su reino y Bolonia inició un largo periodo de dificultades con las nuevas autoridades civiles, hasta el punto que la sede episcopal fue prohibida a los obispos hasta el 1882. Sin embargo la Iglesia boloñesa continuó manifestando una gran vitalidad: resurgieron las obras de asistencia, nacieron nuevas congregaciones, entre las cuales citamos las Mínimas de la Virgen de los dolores fundada por Clelia Barbieri (1847-1870).

Para contraponerse al preocupante incremento del laicismo y del anticlericalismo, nació en Bolonia, por obra de Don Giovanni Acquaderni, la Sociedad de la Juventud Católica Italiana, núcleo inicial de la Acción Católica Italiana.

Durante la primera guerra mundial y en la siguiente postguerra, la Iglesia de Bolonia fue especialmente activa. El cardenal Giacomo della Chiesa (1854-1922) arzobispo de Bolonia y elegido Papa con el nombre de Benedetto XV, fue un incansable apóstol de la paz.

El cardenal Giovanni Battista Nasalli Rocca (1872- 1952) tuvo la difícil misión de sustentar la Iglesia boloñesa en el curso de la segunda guerra mundial y a la terminación de iniciar la obra de reconstrucción de las iglesias destruidas o dañadas.

Le sucedió en el cargo el cardenal Giacomo Lercaro (1891-1976). Su episcopado estuvo caracterizado por una actividad muy intensa y variada: la renovación de la liturgia, la celebración de cinco pequeños sínodos y de dos CONGRESOS EUCARISTICOS DIOCESANOS, y sobre todo el compromiso del relanzamiento de los católicos en una ciudad orientada hacia posiciones políticas de extrema izquierda. Su gran personalidad y su dedicación le hicieron destacar especialmente en el curso del Concilio Vaticano II siendo una figura de gran relevancia en los primeros años postconciliares.

El cardenal Antonio Poma (1910-1985) fue su substituto; llevó a cabo una intensa actividad pastoral siguiendo las directivas del Concilio y en la continua búsqueda de la unidad.

El cardenal Poma renuncio a la diócesis en el 1983: su sucesor, mons. Enrico Manfredini (1922-1983), rigió la diócesis solamente diez meses, a causa de su muerte repentina. Juan Pablo II eligió como sucesor para la catedral de San Petronio, el cardenal Giacomo Biffi (1928- ), obispo auxiliar en Milán.

Misa en espanol

Oratorio San Donato, via Zamboni 5

Cada dominco a la hora 17.00

La Iglesia de Bolonia